Rock’n’Roll Suicide

“La muerte de uno es una tragedia, la muerte de millones es sólo una estadística” – Stalin

Son ya las tres de la mañana y aún sigo aquí en el sucio kiosco de un lugar que ya no vale la pena mencionar, el pasto ya ha crecido hasta mis rodillas y la hiedra ya ha devorado el concreto. Solo me queda la siniestra aura que deja la tormenta, los pocos rayos de luz son relámpagos lejanos y una lámpara que erguida entre los árboles empieza a morir,

Las gotas sucias de lodo resbalan sobre el roído tejado y estallan en el cementerio de mis zapatos, y así empiezo a novelar en letras con tinta de alcohol y alquitrán, y a escribir sobre mil pedazos de cartón, la historia que para mí acaba en esta noche que se empieza a agriar…

Enciendo un cigarrillo y empiezo a recordar, las memorias se convierten en mercurio, claros, pero se rompen al tratar de tocarlos. Las mujeres de verano ahora son gotas que bailan en mi mente como la leche al tirarse en la escalera de una mansión. Una de esas gotas cayó en mi frente y era Marlén, la mujer de cabellos parecidos a la cerveza más oscura. La conocí a finales de junio en el verano más tenebroso que pasó sobre mi sombrero, tropezó contra mí, quién diría que así iba a ser. Esos tres meses, tropiezo tras tropiezo, hasta llegar al más hermoso otoño, donde por amor ella me dejó para irse con un pescadero, tal vez era lo mejor ya que ambos olían igual. Más gotas se añaden, algunas las pude ver mejor, como a Carmen, la mujer de un cabaret; Eva y sus uñas de porcelana; Leonora, a la que le gustaba usar perfumes franceses; a Cassandra, que le gustaba bailar tango, y así una y otra vez empezaban a aparecer las que he conocido.

Ya se ha acabado mi familia, mis padres hace tiempo que murieron de un ataque de corazón. No he tenido esposa, ni hijos. He estado solo la mayor parte de mi vida. La experiencia de los años, me ha enseñado que ahora ya nada me puede hacer daño, ya he sufrido lo suficiente en casi cuarenta años y saboreado las delicias letales que por fortuna no me han matado. He bebido bien pero en algo que no soy bueno: los detalles y la delicadeza. El único de mis amores lo había perdido en mí último verano del amor, el que añoro cada vez al navegar en la miseria, La lluvia disfraza mis lágrimas de champagne, para celebrar que no estoy solo sino en la soledad; me acompañan esos recuerdos y la fe de una perra que me había prometido serme fiel.

El detalle de mi último amor se esfumó. Ahora es un recuerdo lleno de bruma y de estrellas grises. A ella la conocí en el balcón de un hotel de París, un edificio bombardeado, pero hermoso, lleno de flores silvestres post estallido. Ella fumaba sentada en una maleta de cuero ya rasgada por la edad, yo estaba del otro lado tomando un poco de licor de la boca de la botella, intentando olvidarme de mi mismo una vez. “Oye, tú, ¿De dónde eres?” ella me gritó, yo le dije que de un viejo lugar olvidado ya por el mar cerca de Guijón, ella me preguntó dónde era eso, yo solo le dije que muy lejos de aquí, un lugar que no vale la pena mencionar. Solo se encogió de hombros y me mandó una nota escrita con labial y sal. Decía 304, el cuarto junto al mío, la volteé a ver y movió sus labios diciendo ven. Yo caminé un poco mareado por el alcohol y dando tumbos por el pasillo hasta llegar hasta su puerta, yo toqué y ella abrió, estaba sola con los vidrios rotos y la cama desordenada con manchas de vino, ella sonrió y me dijo que pasara y me sentara, vi una almohada y me deje caer allí cerca del balcón para ver que tipo de vista tenía. Ella se sentó en frente de mí y me dijo que estaba allí por que no sabía a donde ir, llegó a París por casualidad, en realidad quería llegar a Lyon pero estaba demasiado lejos y decidió quedarse aquí un tiempo. No se habrá sido el licor, la luz del sol o sus ojos hermosos de zafiro o los labios de rubí; pero en ese momento se acercaron poco a poco mis labios con los suyos y ocurrió lo que no quería que pasara, terminamos desnudos sobre el balcón, cobijados por las sábanas blancas. Después pasaron muchos otros días paseando debajo de los rayos del sol y la hierba verde, recorrimos varios kilómetros juntos, desde París a Le Mans y de Lourdes hasta Santiago, el día fatal ocurrió después de seis meses de hermosa relación, ella conoció a un hombre y yo a otra mujer, decidimos separarnos y sernos fieles aunque sea a distancia y con otras personas, aceptamos, pero ya no vale la pena recordar lo siguiente solo fue una espiral hasta llegar al más oscuro fondo.

Enciendo otro cigarrillo y ya empieza a caer más agua del cielo, ahora el viento arrastra con furia la basura y trata con odio a la hierba, las gotas son cada vez más grandes, tengo miedo que valla a granizar ya que creo que este techo no va aguantar más, la fría brisa violenta hace que se me congele la cara, el techo se empieza a venir abajo, y un rayo cae a un lado de mí, yo no aguanto más, solo desesperación y miedo se apodera de mi alma que cada vez se hace más gris.

El miedo ahora se apodera de sangre y empieza a salir por pequeños agujeros en mis arterias, el terror de haber estado presente en la muerte de miles de personas, sus cerebros al verlos estallar y su cuerpo siendo descascarado, sus gritos igual que un animal al morir de la manera más cruel, los cadáveres amontonados en las iglesias y las marcas en la piel para saber quien era el enfermo. Los gobernadores exterminándolos como en una imagen del holocausto o los genocidios chinos, solo a los infectados, destruyendo ciudades enteras para erradicar todo rastro pero es inútil todo esfuerzo. Los periódicos hablan de ello pero con una fuerte censura solo te das cuenta cuando lo has visto y has viajado como yo he tratado de hacerlo.

Las casas alrededor de este viejo parque están abandonadas y no se que ocurrió para que esta parte del mundo este tan abandonada, tal vez fue un holocausto nuclear o una bacteria fulminante para ser sincero no se por que ocurre esto, solo sé que yo soy el único en kilómetros a la redonda, en soledad.

Me di cuanta de todo al llegar a Madrid, había una bruma verdosa y siniestra, personas tosiendo y con la carne ya podrida, caminando hacía el hospital donde ya no podrían hacer nada sino solo darles una inyección que les podría prolongar la vida solo unas dos horas sin más dolor, yo caminaba y los niños enfermos estaban tirados sobre las banquetas y las ventanas tenían una marca roja, tal vez para que no murieran sus primogénitos o decir que esa casa ya era un foco de infección. Al llegar a una avenida se podían ver los cuerpos ya sin vida de muchas personas: niños, mujeres jóvenes, ancianos; solo me pude dar la vuelta para no vomitar por el hedor de los enfermos y de los muertos. Ese día quise rezar pero la iglesia estaba tan llena de personas haciendo las paces con la fe y llena de veladoras, mejor la abandone y camino hasta el edificio cercano, al entrar el aire se hizo pesado y denso, al subir las escaleras había una anciana llorando la muerte de su nieto, me vio y me pidió por piedad que la matara ya que no quería seguir viviendo, solo le di un disparo en la cabeza y seguí subiendo hasta la azotea donde tome una de mis cobijas y me dispuse a dormir en esta extraña noche viciada.

Salí de la ciudad a las 09:51 de la mañana con dirección a ninguna parte, ya no veía los autos y los camiones en la carretera, las personas solo se quedaban en su casa mirando por las ventanas, los animales actuaban como si nada hubiese pasado, aunque algunos con partes de su carne podrida pero aún así no sentían miedo y uno me siguió hasta llegar al siguiente pueblo. El pasto estaba muy crecido y las flores se veían más hermosas, tal vez era el rohipnol, pero fue lo más hermoso que había visto en muchos años viajando, me sentí como si el Edén bajará otra vez a la tierra.

Caminé hasta llegar la tarde, la luz del sol quemaba mis ojos y mi piel, el cielo se hacía más azul al avanzar en el camino, al llegar a este pueblo, estaba totalmente abandonado solo con los focos prendidos y las televisiones sin alguna señal de antena. Me dispuse a buscar algo de comida, solo ensalada de un viejo refrigerador y una lata de café no indagué más ya que no quería encontrar algo que me quitara el hambre. Los edificios estaban siendo devorados por la hiedra, el perro se aparto de mi lado y se echó en la avenida, los demás animales estaban al acecho para cazar otros más pequeños, la vida seguía continuando sin la humanidad. Y estando en contacto casi puro con la naturaleza con una sonrisa que ya tenía tiempo que no hacía y embriagado por el amor y no por el alcohol. Esto para mí no ha hecho más que empezar, eso dije hace tres días de lo cual creo que fue una equivocación.

Abandono el parque y me hecho andar debajo de la perversa luz lunar que quema las úlceras de mi padecer, cada vez con más hambre y sueño que no logro conseguir. Los perros aúllan al verme tocar las puertas de las casas al tratar de conseguir alimento para continuar existiendo un poco más, solo encuentro leche agria, latas de comida y cuerpos en descomposición, algo que le quitaría el apetito al más sucio y desesperado animal. Solo se muere una vez y creo que en esta estoy agonizando, si esto no es la muerte se ha de parecer. El fin del mundo y la tormenta me han hecho desaparecer el asco que le tenía a la humanidad.

La tormenta ha pasado, ahora el cielo vuelve con aparente calma, puedo ver algunas estrellas y solo escurre el agua que cayó, enciendo una pequeña fogata y pongo un trasto con café al fuego, también pongo algo de comida en latas que encontré en una casa y me dispongo a cenar, mi reloj pone las tres y media de la mañana mientras como frijoles y algo de carne seca. Tomo el último sorbo de café y enciendo un cigarrillo y recuerdo por que fue una equivocación decir que esto no ha hecho más que empezar. Ahora estoy en la más pura soledad, como los ermitaños en las montañas o los vagabundos en las calles, los edificios solo se ríen de mí como hienas antes de devorarme.

La calle empieza arder con los deseos de desaparecerme, ya no puedo continuar así, solo imaginar que estaré así durante otros treinta años solo moviéndome de lugar a lugar buscando alimento y comer bayas, no es para mí el mejor futuro, mi aliento se empieza ha hacer agrio, mi carne más pálida y el alma ya es completamente gris. Ahora empiezo a desesperarme, la hoguera empieza arder cada vez más, tomo una botella con gasolina y la lanzo al fuego, tomo otro galón y empiezo a esparcirlo por el lugar, los perros empiezan a aullar y escucho el cantar de un gallo, tomo otro galón y lo propago por todo el parque y dejo que todo este húmedo con el dulce olor de la gasolina; tomo un cerillo y empiezo a la combustión, las llamas van corriendo rápido sobre todo el parque, la hierba les sirve como combustible para durar más tiempo. Ahora parece un paisaje infernal y el viejo quiosco resiste con gallardía, el fuego consume la hiedra, el pasto y empieza a quemar el concreto, ya todo la escenografía esta lista para mi más puro final, tomo una pistola que cargaba en mi mochila y pongo dentro una última bala, la meto a mi boca y me dejo llevar.

Antes de dar el último adiós, quiero decir que este penúltimo viaje hace tiempo tenía que haberse acabado, y mi vida tenía que haber sido desplomada, así que hasta nunca…

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