El Hombre más Desgraciado

Sobre la miseria (Yo creí que era inteligente)

AUTOR: El Signo de La Espada

Cuando estaba en la escuela, varias personas me hicieron la observación que tengo una mente una inteligencia envidiable. Recuerdo de manera especial a mi amiga Alejandra Chacón (donde quiera que estés, te mando un gran abrazo) que solía decirme que quisiera tener mi cerebro. Yo le respondía en aquel entonces (2002), que no sabía lo que decía, que no dijera eso. Mi cerebro en verdad está retorcido. Por eso es que terminé siendo calificado como estudiante conflictivo.

La verdad es que el decir de estas personas respecto a mi inteligencia, sobre mi capacidad intelectual me hicieron dudar muchas veces, pero en cierta forma me envanecí y me dejé convencer de lo listo que soy. Quizá subí demasiado alto y por eso es que mi caída fue tan estrepitosa.

Mi percepción sobre mi propia inteligencia cambió hace unos cuantos días y está relacionada al concepto de miseria. La Real Academia de la Lengua Española define miseria como “desgracia, infortunio” y también como “avaricia, mezquinidad, demasiada parsimonia”. En cuanto a la acepción de miseria como mezquinidad, no tengo dudas en relacionarla como miseria moral o intelectual.

Yo concibo a un espírtitu vacío o marchito, como un ser humano miserable en cuanto a sus aspiraciones en la vida, a lo que considera loable, deseable para sí y para otros. Un hombre que admira la basura, la podredumbre es un hombre cuyo espíritu está completamente embebido en la miseria. Aquellos que consideran algo deleznable como superior a sí, tienen el espíritu decaído, enfermo, cojo.

Así pues, quien rige su vida en vanidades o en la vileza, en la rigidez de ideas, en la parálisis voluntaria del intelecto, en mi opinión vive en la más terrible miseria.

Cierto día estaba paseando por un famoso establecimiento comercial que además de tienda de regalos, pastelería, cafetería y bar, también tiene una librería (que muchos usan como biblioteca). En determinado momento llegamos a donde estaba un trozo de cartón que tenía impresos varios logotipos de casas editoriales y un texto que hablaba sobre el momento social, político y cultural tan difícil que se vive en México. Al final, lo que sugería este texto es que la gente lectora compartiera de manera concisa su experiencia de cambio relacionada a algún libro. Entre las experiencias que por mórbida curiosidad pude leer ví una que hablaba sobre un texto de Baudelaire, decía “aprendí a vivir con sífilis”

Uno más afirmaba que “Juventud en Éxtasis cambió su vida”

Otro decía: “Twilight me cambió la vida, porque con ese libro conocí el amor”

Y el último, que destruyó por completo la resistencia de mi espíritu, a tal grado de descomponerme físicamente fue: “Quiúbole de Yordi Rosado cambió mi vida”

Debo serles sincero y decirles que mi psique aun no se recupera de ese bombazo. Les estoy hablando de algo tan fuerte, tan crudo, tan terrible para mi pobre entendimiento que no me puedo levantar todavía.

Sobre la declaración de la persona que dijo que aprendió a vivir con sífilis, pues en palabras del Foka, baterista de la Real Skasez: “Con Baudelaire aprendes a vivir con cualquier cosa… y después te suicidas”

En cuanto al famoso Juventud en Éxtasis, simplemente me voy a limitar a señalar que Carlos Cuauhtémoc Sánchez tiene muchos detractores y no hace falta mencionar por qué, creo que puede decir que muchos de mis lectores saben por qué. Sin embargo, Sánchez tiene muchos seguidores, gente que disfruta inmensamente de sus libros. No sé por qué, pero los respeto.

Personalmente creo que, quienes escriben libros de autoayuda son personas que tienen buenas intenciones que han encontrado una forma cómoda y amena de ayudar a los demás, por lo menos algunos.

Por otro lados, eso de conocer el amor por una novela tan mala, tan emética como Crepúsculo me parece miserable. No sé quién lo escribió. Mi yo misántropo me dice que de seguro fue una niñata inútil, pero todo lo que diga mi yo misántropo es totalmente discutible. Así pues, pensemos que fue una persona joven, aun así yo creo que por muy joven que sea, conocer el amor por una novela como esa es algo que no soy capaz de entender. Yo he vivido el amor y no necesité de ningún libro para conocerlo, dudo que alguien lo haya necesitado. Creo que estar vivo en este mundo y no reconocer el amor que fluye en nuestro ambiente, que nace y que palpita en el espíritu humano, es realmente miserable, es tener atrofiada una capacidad humana natural, al menos, así lo concibe mi limitado intelecto.

Cierto es que mucha gente dice que aprendió a reconocer el amor de dios por la biblia o el corán, pero mi opinión siempre ha sido que eso es una falacia, que es un pensamiento absolutista. Pero ahora dudo.

Nunca he leído ese famoso “Quiúbole”, pero he tenido la desgracia de torturar mis oídos y mi cerebro con el programa de radio de ese tío, Rosado. Si mal no recuerdo la otra mano que escribió ese mentado libro es de Gaby Vargas…

Me remito a lo que escribí antes sobre quienes escriben libros de autoayuda. Sin embargo creo así también que escribir libros de autoayuda requiere de una fuerte dosis de arrogancia, de creer que se le puede dictar la vida a la gente, que se le puede arreglar la vida a las personas con unas cuantas recetas, como si de hacer sopa se tratase. Siempre he pensado que la gente que escribe libros de autoayuda suele tener una perspectiva de la vida un tanto snob, en otros casos, muy fantasiosa o basada en la moral religiosa, de una forma estéril y rígida.

O como diría Don Simón, conde de Nazará y marqués de Cazorla: “Es querer tirarse los pedos más alto de lo que se tiene el culo”

Pero me puedo equivocar. Puede que mi opinión o mi percepción esté increíblemente errada.
Pero que un libro como ese, con un título como Quiubole le cambie la vida a alguien, es simplemente algo que soy incapaz de concebir. No lo puedo creer ni entender de ninguna manera… es ahí cuando empiezo a pensar en la miseria.

Califico de miserable el que la vida una persona haya cambiado por leer quiúbole, lo hago así porque mi minúscula capacidad intelectual solo puede concebirlo de esa manera, ese es el muy limitado alcance de mi intelecto.

Por eso es que digo, así tan aciago y descorazonador como suena, yo creí que era inteligente.

DE:

http://espadajin.blogspot.com/2009/07/yo-crei-que-era-inteligente-monologo_30.html

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